| FASHION UNDERWATER PHOTOGRAPHY COPYRIGHT PABLO TESORIERE www.pablotesoriere.com |
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Underwater SecretsI've always loved water. I've always imagined different situations in which I'm drowning. My brain likes to do that when I'm in deep water.Underwater Secrets by =dienutza
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A short underwater love story
A fascinating look at the microscopic world inside one drop of waterThings to check out:
Ethereal Underwater Portraits by Jacob Sutton
Riding a wave with Dusting Humphrey
| VILLA EPECUEN Memorias del agua, una visita cargada de melancolía Villa Epecuén, un lugar que desapareció por desafiar la naturaleza… Fue una paraíso vacacional y hoy tiene cientos de casas en ruinas, árboles secos, calles bloqueadas o sin salida y un único habitante. Quedó así luego de una inundación que provocaron los canales artificiales y muros de contención que se construyeron. El agua pudo más… Lo primera sensación que uno tiene al llegar a este lugar, es desolación pura, luego uno empieza a sentir dolor y finalmente fascinación y respeto. Un antiguo balneario lacustre en la pampa argentina con grados de salinidad sólo superados por el mar Muerto que fue arrasado por una inundación en 1985. Así uno podría describir brevemente que pasó en este lugar. Pero la descripción real es mucho más difícil ya que los sentimientos se apoderan de uno. El 10 de noviembre de 1985 el desborde del lago Epecuén (550 km al sur de Buenos Aires) apenas le dio tiempo a Norma Berg y su familia para llevarse lo imprescindible y huir como el resto de los 1.500 habitantes. "Muchos de los residentes nunca más volvieron y otros murieron de angustia por haberlo perdido todo", evoca. "Hasta cuatro o cinco años después de la inundación, cuando el agua estaba alta, por aquí no aparecía nadie. Estaba totalmente solo todo el día", dice el único habitante de la villa, Pablo Novak, de 81 años. Diariamente, Novak monta su bicicleta para transitar entre las ruinas de alguno de los 185 hoteles, restaurantes y comercios que había en el balneario hasta hace 25 años. La inundación se produjo al ceder el muro que encerraba las aguas donde los turistas tomaban baños lúdicos o terapéuticos, luego de construirse canales que unían las lagunas de la zona, llamadas Encandenadas, cuyo último eslabón era el lago Epecuén, un espejo de agua sin desembocadura. "Los hoteleros presionaron para la construcción de los canales porque la sequía llegaba antes del fin del verano y les achicaba la temporada. Pero en 1985 se registraron intensos períodos de lluvias y el lago no pudo contener ese inmenso volumen de agua", explicó Gastón Partarrieu, director del museo de Carhué, la ciudad cabecera de la región, a un colega periodista. Restos de camas del antiguo asilo de ancianos, mesas de noche de hoteles, silla desevencijadas y postes de luz derribados son parte de los vestigios que tras el éxodo masivo se salvaron de la depredación de visitantes y de comerciantes que vendían materiales para construcción extraídos de las casas. Sobre 1986, el pueblo estaba envuelto ya por 4 metros de agua en sus calles, llegando en 1993 a más de 10 metros de profundidad y hoy día, las ruinas parecen querer emerger de las aguas como si de Poseidón se tratara, volviéndonos a mostrar en este caso, la desolación de un pueblo condenado, la desolación de un pueblo devastado al que la naturaleza le guardó la peor de sus caras. Una historia dolorosa en el sur de Buenos Aires, otra ciudad enterrada ante la impotencia de sus habitantes. Hoy la mayoría busca nuevos caminos lejos del pago. Y los habitantes de Carhué miran de reojo a esa laguna que crece y se va, en ciclos, como la vida misma. Un trabajo fotográfico de Pablo Tesoriere www.pablotesorierephotography.com |
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